8/9/10

Carne humana en el menú de cada día


El hombre de Atapuerca practicaba el canibalismo de manera habitual, una forma de nutrirse y de eliminar a posibles competidores.

No era algo excepcional, fruto de la necesidad por la falta de alimento, ni se produjo de forma aislada por un individuo con extraños hábitos sediento de sangre, ni se trataba de un exquisitez ritual. Hace 800.000 años, el hombre de Atapuerca practicaba el canibalismo de forma habitual, una aterradora dieta que se extendió en el tiempo como una «práctica cultural» y que formaba parte de su vida cotidiana tanto como comerse un ciervo o una oveja salvaje. Aunque esta afición del Homo antecessor, nuestro más antiguo antepasado, a la carne humana ya era conocida, un estudio paleontológico de los restos recogidos en el yacimiento burgalés viene a confirmar las sospechas. La antropofagia era útil tanto por motivos nutricionales como para eliminar a posibles competidores locales. Las principales víctimas eran niños y adolescentes.

La investigación, realizada principalmente por miembros del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes) y publicada en la revista Current Anthropology, parte del descubrimiento de restos del Homo antecessor en las campañas arqueológicas de 1994 y 1996 en el área de Gran Dolina. «Nos encontramos ante el caso de canibalismo cultural más antiguo conocido hasta el momento», aseguran los científicos del Iphes.

El Homo antecessor lo mismo cazaba hombres que animales, hasta el punto de que los fósiles de sus congéneres -al menos once individuos- aparecen mezclados con instrumentos líticos y huesos de otros animales, como ciervos, caballos, ovejas salvajes o rinocerontes. «Ambos tipos de restos muestran modelos de provecho y patrones de carnicería similares», explican. Las mismas herramientas de piedra que eran utilizadas para romper los huesos a las bestias se empleaban para desmembrar a seres humanos.

Cerebros succionados

Además de las marcas en los huesos rotos para llegar al interior de la médula, hay señales de que a las víctimas también les habían devorado el cerebro. Los investigadores creen que esto no formaba parte de ninguna práctica ritual relacionada con creencias religiosas ni era una emergencia alimentaria. Los huesos humanos canibalizados aparecieron en los sedimentos de una cueva que abarca un período de unos 100.000 años, lo que sugiere que era una práctica bastante consistente.

Por otro lado, estos caníbales no tenían muchas razones para pasar hambre, ya que la sierra de Atapuerca era un territorio fértil donde la caza abundaba. Posiblemente, el canibalismo era una forma de hacer frente a la competencia. Que las víctimas fueran niños, menos capaces de defenderse, planteaba un riesgo menor para los cazadores y un triunfo más fácil. Sin embargo, es difícil conocer si los caníbales devoraban a los miembros de su propio grupo o a los de otras pequeñas comunidades. (ABC)

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