20/8/10

Una cabeza diseñada para matar


Hace seis millones de años, cuando America del Sur era aún un continente aislado, el más temible de sus depredadores era un ave. Un ave descomunal, que podía llegar a los tres metros de altura, que era incapaz de volar pero que estaba equipada con un enorme y afilado pico que utilizaba con habilidad para matar y despedazar a sus presas. Ahora, un equipo internacional de científicos acaba de publicar en la revista PLOS One un detallado estudio que revela las técnicas de caza de esta criatura, cuyos restos más antiguos se remontan a hace más de sesenta millones de años y cuyas diferentes especies lograron sobrevivir hasta hace alrededor de dos.

Se las conoce, y no sin razón, como "aves del terror", aunque el nombre científico de su familia, a la que pertenecen dieciocho especies diferentes, es el de forusrácidos (Phorusrhacidae). Sus tamaños oscilaban entre uno y tres metros y su peso podía llegar, en los ejemplares de mayor tamaño, a rondar los cien kilos. Para llevar a cabo su estudio, los investigadores eligieron un ejemplar de una especie de tamaño intermedio (Andalgalomis). Un ágil cazador de metro y medio de altura y cerca de cuarenta kilos de peso, dotado de un cráneo grande y rígido, y armado con un gran pico ganchudo y en forma de hacha.

El ave, que vivió hace seis millones de años en lo que hoy es Argentina, no podía volar, pero era capaz de saltar con agilidad alrededor de su desdichada presa, atacándola repetidamente y después retirándose, y propinándole durante su "danza" auténticos "hachazos" que terminaban por derribarla. El estudio que ha revelado este comportamiento hasta ahora desconocido puede considerarse como el primer vistazo a las técnicas depredadoras de una numerosa familia de aves extintas.

Debido a que las aves del terror no tienen ningún descendiente directo entre las aves modernas, sus hábitos y estilo de vida han estado envueltos en el misterio. Ahora, un equipo internacional de científicos ha completado el estudio más sofisticado llevado a cabo hasta la fecha para averiguar algunas de sus costumbres, especialmente las relacionadas con la caza. Para ello, los investigadores se han servido de tomografías axiales computerizadas (TAC) y métodos avanzados de ingeniería. (ABC)

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