29/4/10

La testosterona pierde su reinado

Una nueva investigación revela que la acción directa de la testosterona, la hormona masculina por excelencia, no es necesaria para la masculinización del cerebro. Investigadores de la Universidad de California (EE UU) han demostrado que la señalización de la testosterona no controla la diferenciación masculina del cerebro ni la conducta, pero sí la frecuencia y el alcance de los comportamientos típicos masculinos.

"Ya se sabía que la testosterona y los estrógenos son esenciales para las conductas típicas masculinas en muchas especies de vertebrados", explica Nirao M. Shah, autor principal del estudio e investigador del departamento de Anatomía en la Universidad de California (EE UU). "Sin embargo, sigue sin establecerse cómo interactúan estas dos hormonas para regular la masculinización del cerebro y el comportamiento".

Los testículos son los encargados de producir la testosterona y ésta activa directamente el receptor de andrógenos (RA). Los estrógenos se sintetizan en los ovarios y son casi indetectables en la circulación de los machos de múltiples especies.

Sin embargo, tal y como indica el estudio publicado esta semana en la revista Neuron, la testosterona circulante en los hombres se puede convertir en estrógeno en el cerebro, y este estrógeno derivado de la testosterona controla muchas de las conductas masculinas y los comportamientos dependientes del sexo en los machos adultos.

Los resultados muestran que la señalización de la testosterona a través de RA no controla la diferenciación masculina del cerebro ni la conducta, pero sí la frecuencia y el alcance de los comportamientos típicos masculinos. Los investigadores encontraron que durante la oleada de testosterona neonatal hay muy pocos RA que se expresen en el cerebro en desarrollo, lo que hace improbable que la señalización de la testosterona desempeñe un papel principal en la masculinización de las vías nerviosas.

"Nuestros resultados sugieren un modelo para el control de los comportamientos de patrón masculino en los que los estrógenos masculinizan los circuitos neuronales para el apareamiento, la lucha y el marcaje territorial; y la señalización de la testosterona y de los estrógenos generan los niveles masculinos típicos de estas conductas", concluye Shah.

Los autores se sirvieron de la genética para destruir los RA en el sistema nervioso del ratón y observaron que esos mutantes aún mostraban un comportamiento masculino en su apareamiento, en la lucha y en el marcaje territorial. Sin embargo, estos machos mutantes tenían reducciones notables en los componentes específicos de estos comportamientos masculinos.

"Va a ser interesante identificar en futuros estudios los mecanismos a nivel molecular y los circuitos que son controlados por estas hormonas", concluye el investigador. (SINC)

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