13/3/10

Cuando el aire contamina la vida


En los últimos 20 años, ha habido progresos, pero han surgido nuevos retos. Lograr entornos más saludables en beneficio de la salud ha experimentado mejoras desiguales en los diferentes países del continente europeo. El último informe Salud y Medio Ambiente en Europa: Evaluación del progreso publicado a principios de 2010 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala cuatro factores de riesgo principales: el agua y el saneamiento, los accidentes y la actividad física, la contaminación del aire, y las sustancias químicas y el ruido.

A estos factores de riesgo se añaden las desigualdades sociales no sólo entre países pero también dentro de cada frontera. El informe de la OMS subraya que los grupos más desfavorecidos en el plano económico son los que están más expuestos a riegos medioambientales, y que las personas más enriquecidas, educadas y con trabajo no lo están a ese nivel.

No obstante, la regla no se confirma. “Hay pocos ejemplos que demuestran lo contrario: que los ricos están en realidad más expuestos”, confirma a SINC Matthias Braubach, investigador en el Centro de Medio Ambiente y Salud de la OMS.

Es el caso del uso de algunas sustancias químicas como los pesticidas para hormigas en los hogares; las personas más enriquecidas son las que más los emplean. “En Roma por ejemplo hay evidencias de que las personas ricas están más expuestas a la contaminación del aire porque viven en el centro ciudad, más contaminado, y más caro”, afirma Braubach. A pesar de estos datos, más del 50% de la población rural en diez de los países del continente no tienen acceso a agua potable.

Buscar quién es más vulnerable a qué

“Es difícil tener un criterio para todo porque la situación es muy específica para cada país y los resultados de las ciudades son totalmente distintos”, destaca el investigador alemán. A excepción de algunos países de la Europa occidental, no hay suficientes datos, incluso en los países que han iniciado investigaciones sobre el tema, esta información es a menudo dispersa e incompleta.

Las incidencias sanitarias sobre las desigualdades sociales en materia de exposición a riesgos medioambientales han sido objeto de pocos estudios científicos, salvo los publicados en enero de 2010 en The European Journal of Public Health, por Braubach y diferentes universidades europeas.

“En este momento los mayores retos deben tomarse desde la ciencia. No sabemos cómo están distribuidos muchos de los datos que tenemos de ciertos países en función del género, la edad, o los ingresos”, asegura Braubach. Los datos que sí se tienen no son fácilmente comparables entre países. “Es muy difícil hacer una evaluación común, por eso necesitamos mayor transparencia sobre cuáles son los principales problemas de las desigualdades, y cuáles son los grupos vulnerables para cada riesgo ambiental”, subraya el experto.

Ante la ausencia de estos datos, todavía queda camino por recorrer para establecer medidas políticas concretas. “Hay que conseguir una perspectiva más amplia en Europa”, confirma el investigador. Las organizaciones internacionales se enfrentan todavía a la ausencia de consistencia en la información que los científicos poseen.

En cuestiones de los impacto del cambio climático en la salud, el problema es otro, es el de la mitigación. “El tema del clima es muy complicado, y a veces supone un problema para el enfoque científico, por eso se basa en modelos y genera debates”, explica Antonio Navarro, investigador en el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Bolonia (Italia). Estos modelos son su principal arma, pero “no es un arma mágica, da respuestas probabilísticas”, añade Navarro.

España y los riesgos ambientales

España no se libra de los riesgos ambientales para la salud. “La problemática es igual que en todos los países de nuestro entorno, estamos en el área mediterránea”, afirma a SINC Fernando Carreras, subdirector general de Sanidad Ambiental y Salud Pública del Ministerio de Sanidad y Política Social presente en este encuentro de alto nivel. Las líneas principales de actuación en el ámbito europeo son agua, cambio climático, contaminación del aire, y químicos.

Sin embargo, a pesar de la reducción sustancial de la contaminación atmosférica en toda la región europea en los años ’90, los progresos en la última década han sido mínimos. Según la OMS, más del 92% de la población urbana vive en ciudades con niveles de partículas que superan los valores máximos establecidos por esta organización.

“La contaminación atmosférica es uno de los factores de riesgo más significativos, pero ahora tenemos líneas de ataque mucho más importantes para combatirla sobre todo relacionado con el cambio climático”, señala el experto español que confirma que, en la actualidad, existen más instrumentos desde la perspectiva de salud y medio ambiente para afrontar la contaminación atmosférica.

Hacia el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente

El próximo martes 16 de marzo Trinidad Jiménez, y Elena Espinosa firmarán un Protocolo marco que pone en marcha el Observatorio de Salud y Cambio Climático, ya aprobado en Consejo de Ministros el pasado 24 de abril de 2009.

“El observatorio creará un grupo técnico de expertos en diferentes áreas relacionadas con la salud y el cambio climático para detectar, en función de los diferentes escenarios climáticos, cuáles son los impactos específicos en la salud en España, hacer el seguimiento y empezar a ver los cambios que hay que introducir en las diferentes políticas. Pero todo esto es adaptación”, asegura a SINC Paz Valiente, subdirectora general de Impactos y Adaptación del MARM.

“Ahora estamos trabajando en coordinar todos los planes en el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente que se está elaborando en coordinación con el MARM, y el Instituto de Salud Carlos III para la aportación de todos los documentos científicos”, comenta Carreras. Se prevé que el plan salga adelante a finales de 2010. “Tenemos la ventaja de que todos estos compromisos que se han adoptado en la Declaración podamos incluirlos en el nuevo Plan, por lo que ya demuestra nuestra implicación política”, asevera.

La Declaración marca un nuevo punto de partida para la protección de la salud. Ante las amenazas y catástrofes ambientales que acechan la humanidad, las políticas de salud y medio ambiente tienen que unirse más que nunca. “La salud tiene que estar e influir en todas las políticas”, acierta en decir Carreras.

Los riesgos, uno por uno


- Agua y saneamiento: la mejora de la calidad del agua ha aumentado en términos generales en Europa, sobre todo en el centro y el este. La reducción de un 80% de las enfermedades diarreicas en niños de 1995 a 2005 lo confirman, pero sigue habiendo poco acceso en el 50% de la población rural.
- Accidentes de tráfico: desde los años ’90, los accidentes han disminuido más del 40%, y se pueden prevenir mejor. No obstante, esta tendencia a la baja ya no se observa en los países de la Europa oriental en los últimos 10 años.

- Obesidad: más del 50% de los niños y niñas mayores de 11 años en todos los países no hacen suficiente ejercicio, y esta proporción aumenta entre los jóvenes de 13 a 15 años.

- Enfermedades respiratorias: siguen siendo la causa del 12% de todas las muertes infantiles. El asma y las alergias están en aumento. Más del 25% de los niños de entre 13 y 14 años sufren estas enfermedades.
- Humedad y moho: más del 20% de los hogares europeos tienen este problema, con niveles que van desde el 4% hasta el 37%.

- Humo del tabaco: en algunos países, más del 80% de los niños está expuesto al humo del tabaco en sus hogares. A pesar de las leyes que introducen espacios libre de humo, éstas tienen que ampliar al resto de regiones.

- Emisiones de plomo: disminuyó cerca de un 90% entre 1990 y 2003, lo que se ha reflejado en una disminución del plomo en la sangres de los niños.

- Ruido ambiental: un cuarto de la población de la Unión Europea está expuesta a niveles superiores que afectan a la salud.

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