8/1/10

Un estudio desvela el coste de la resistencia a los fármacos para las bacterias

Desarrollar la resistencia a ciertos antibióticos puede tener un precio para las bacterias, sugiere una nueva investigación sueca. Sara Thulin Hedberg de �rebro University estudia la bacteria Neisseria meningitidis, una de las principales causas de la meningitis. Averiguó que las bacterias que son resistentes al fármaco rifampicina no se reproducen tan rápidamente como las bacterias no resistentes y no son tan buenas como para infectar a la gente. Espera que sus hallazgos, que forman parte de su tesis doctoral, lleven al desarrollo de nuevos antibióticos más eficaces.

«Al mejorar nuestro conocimiento de cómo cambian las bacterias y se ven afectadas al desarrollar resistencia, puede ser posible diseñar antibióticos a los que a las bacterias les cuesta más adaptarse sin un coste excesivo para ellos», explicó.

Las bacterias meningocócicas normalmente son inocuas. Entre el 10% y 25% de la población portan las bacterias en la garganta sin que lo sepan. Sin embargo, por razones que aún no se entienden del todo, las bacterias a veces entran en el flujo sanguíneo y llegan a la barrera hematoencefálica provocando infección en las meninges, que cubren el cerebro y la médula espinal. Cuando esto sucede, se requiere cuidado médico intensivo, pero incluso con un tratamiento médico rápido, muere alrededor del 10% de los pacientes.

Hace pocos años se ha informado desde varios países de bacterias meningocócicas con resistencia a algunos de los principales antibióticos utilizados contra la meningitis, como la penicilina, ciprofloxacina y rifampicina.

Sara Thulin Hedberg investigó más de 700 muestras de N. meningitidis tomadas de pacientes en Suecia entre 1995 y 2008, probando su susceptibilidad a 7 antibióticos.

Aunque algunas muestras eran resistentes a algunos antibióticos, los niveles generales de resistencia siguen siendo bajos y estas bacterias no parecen extenderse en la población.

«Esperábamos una tendencia más negativa, teniendo en cuenta el considerable aumento de bacterias resistentes en la sociedad, por lo que estos descubrimientos son una sorpresa y un gran alivio», comentó.

En efecto, los resultados significan que, al menos en Suecia, las bacterias meningocócicas siguen siendo vulnerables a los fármacos de primera línea que se suelen utilizar para tratar y prevenir la meningitis, como la penicilina y ciprofloxacina. Sin embargo, advierte que los médicos aún deberían probar muestras para la susceptibilidad antibiótica para garantizar que se estén utilizando los fármacos adecuados y para percibir cualquier resistencia que surja.

Otro análisis de las bacterias resistentes a la rifampicina sugiere que un factor que retiene la propagación de microbios resistentes a fármacos puede ser el coste de ser resistente al fármaco. Unos experimentos revelaron que las bacterias resistentes a fármacos son más débiles que sus equivalentes susceptibles. Esto significa que en un entorno sin antibióticos, los microbios resistentes a fármacos simplemente no pueden competir con las bacterias susceptibles.

Entre los síntomas de la meningitis se encuentran rigidez en el cuello, fiebre, fotosensibilidad, confusión, dolores de cabeza y vómitos. Los pacientes requieren hospitalización y tratamiento inmediatos, pero aunque los fármacos se administren rápidamente, entre el 5% y 10% de los casos son mortales. Además, hasta una quinta parte de los supervivientes pueden sufrir daño cerebral, pérdida auditiva o dificultades de aprendizaje.

Pequeños grupos de casos ocurren esporádicamente en el mundo, pero el mayor peso de la enfermedad se encuentra en el denominado «cinturón de la meningitis», que se extiende por el África subsahariana desde Senegal hasta Etiopía. Durante la estación seca, las noches frías y los vientos de polvo hacen que la población sea más susceptible a las infecciones respiratorias. Al mismo tiempo, el hacinamiento de viviendas y los grandes movimientos de gente en los peregrinajes y que viajan a mercados regionales son condiciones ideales para la propagación de la enfermedad. (CORDIS)

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