16/1/10

Un estudio descubre que la lactancia materna no es un factor decisivo en la salud de los bebés

Investigadores noruegos han descubierto que la leche materna no es tan importante como se pensaba hasta ahora para la salud de madres y niños. Los resultados de su estudio han quitado un peso de encima a las madres que no amamantan a sus bebés.

Los autores, pertenecientes a la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega (NTNU), descubrieron que la leche materna no es la causa de que los bebés amamantados sean ligeramente más sanos que los alimentados con fórmulas maternizadas, sino que su salud se determina antes incluso de nacer.

El equipo, perteneciente al Departamento de Investigación contra el Cáncer y Medicina Molecular de la NTNU, indica que las hormonas son importantes a la hora de determinar la capacidad de amamantar de una madre. Los investigadores descubrieron una relación entre los andrógenos, hormonas que controlan el desarrollo y mantenimiento de características masculinas, en embarazadas y la cantidad de leche con la que alimentaron posteriormente a sus bebés.

«Las embarazadas con mayor concentración de andrógenos amamantan menos», explicó el profesor Sven M. Carlsen, profesor de la Unidad de Investigación Clínica Aplicada de la NTNU. «Probablemente se debe al efecto de hormonas que limitan la capacidad para amamantar al reducir la producción láctea del pecho.»

Estudios anteriores descubrieron una conexión entre la testosterona y la capacidad para amamantar. La testosterona es una hormona andrógena que antes se usaba para detener la producción de leche.

«Ésta fue una de las razones por las que decidimos investigar si los efectos atribuidos a la leche materna deberían atribuirse en realidad a factores hormonales de las embarazadas», indicó el profesor Carlsen.

Los investigadores también descubrieron que las mujeres con sobrepeso, que fuman o que sufren una disfunción endocrina denominada síndrome de ovario poliquístico (SOPQ) suelen amamantar menos que otras que no cumplen ninguna de estas características. La pauta común a las mujeres de esas categorías es una mayor concentración de testosterona en sus cuerpos durante la gestación.

«Por lo tanto no depende del deseo de la mujer por amamantar», aclaró el profesor Carlsen. «Las mujeres con más testosterona en sus cuerpos durante el embarazo padecen los efectos de una hormona que limita su capacidad para amamantar. Esto explica sin duda por qué no les es tan sencillo dar el pecho.»

Un factor crucial para determinar la salud del bebé es la placenta, añadió el profesor Carlsen. «Lo que sucede es que hay hormonas que proceden del feto que se convierten en testosterona y estrógeno en la placenta, siempre y cuando el proceso se desarrolle como es debido», explicó. «Es un proceso que consume mucha energía. Si la placenta no dispone de suficiente energía, una parte de la testosterona que debería convertirse en estrógeno se queda como estaba. A continuación la testosterona se reparte entre la madre y el hijo y probablemente afecte a ambos.»

Cuanta más testosterona reciba el feto, mayor será la probabilidad de que sufra obesidad, SOPQ (las niñas) y diabetes de tipo 2. En el caso de la madre, el tejido glandular de los pechos se desarrollará menos y no generará suficiente leche, o ninguna en absoluto, debido a que la capacidad para producirla no se desarrollará de la mejor forma posible.

El equipo de investigación incide en la importancia de no culpar a las madres por no poder amamantar a sus hijos. «Durante el embarazo se debe vivir de la forma más sana posible: dejar de fumar, reducir el consumo de té y café y evitar el alcohol», recomendó el profesor Carlsen. «Y tras dar a luz cada madre hará cuanto esté en su mano si quiere amamantar. No permitan que los profesionales sanitarios demasiado entusiastas con su trabajo les hagan sentir mal.»

La investigación sólo descubrió un ámbito en el que el hecho de amamantar fuera beneficioso: las capacidades mentales. Según el profesor Carlsen, «parece ser que los niños amamantados poseen una pequeña ventaja relativa al coeficiente intelectual, pero este dato habrá de confirmarse en futuros estudios planeados y realizados con minuciosidad». (CORDIS)

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