11/1/10

Algunas asociaciones entre genes y enfermedades podrían ser erróneas


Uno de los mayores retos de la genética y la medicina modernas es identificar qué variaciones del ADN nos hacen más susceptibles de padecer ciertas enfermedades y a qué genes afectan, para desarrollar así estrategias adecuadas de tratamiento y prevención. Una investigación internacional con participación de científicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO) y el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III desvela ahora que muchas de estas identificaciones podrían ser erróneas y, por tanto, deberán ser revisadas. El artículo, que se publica en el último número de la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences, publicada por la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU.), examina tres regiones genómicas con mutaciones asociadas a diabetes de tipo II y obesidad para concluir que, al menos en dos de los casos, las mutaciones afectan en realidad a genes distintos de los que se pensaba.

Hasta ahora se asumía que las mutaciones que afectaban a regiones no codificantes del ADN (las que no codifican ninguna proteína) afectaban a la función del gen más cercano a ellas. Sin embargo, gracias a técnicas de genómica funcional y transgénesis, los investigadores han demostrado por primera vez que esto no siempre es así. “Entre un 5 y un 10% de las asociaciones entre mutaciones, genes y enfermedades podrían estar mal asignadas”, estima José Luis Gómez Skarmeta, investigador del CSIC en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (centro mixto de la Universidad Pablo de Olavide, CSIC y Junta de Andalucía).

Gómez-Skarmeta explica el punto de partida de esta investigación: “En muchos estudios las variaciones del ADN asociadas a la enfermedad se producen en regiones no codificantes, por lo que se asume que deben afectar a regiones reguladoras del ADN, aquellas que sin dar lugar directamente a una proteína controlan cuándo, cómo y dónde se transcribe un determinado gen.”

En este caso, los investigadores se han centrado en tres regiones genómicas no codificantes con mutaciones asociadas a diabetes tipo II y obesidad: dos regiones que, por cercanía a regiones reguladoras, se asociaban a los genes CDKAL1 y FTO y otra más asociada a HHEX e IDE. Mediante estudios de genómica comparativa entre vertebrados y el uso de técnicas bioinformáticas los científicos demostraron que, en realidad, los genes candidatos a estar controlados por estas regiones son HHEX, IRX3 y SOX4, en lugar de CDKAL1, FTO e IDE, respectivamente.

“Este tipo de estudios refleja lo poco que conocemos aun sobre los mecanismos de funcionamiento global del genoma, y de su gran importancia a la hora de interpretar los resultados de las asociaciones genómicas a gran escala con el riesgo de padecer enfermedades prevalentes, como por ejemplo las dolencias cardiovasculares”, añade Miguel Manzanares, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III. “En conjunto, demostramos que mediante este tipo de ensayos pueden fácilmente descartarse genes previamente asociados a ciertas enfermedades e identificar los verdaderos genes asociados con ellas”, concluye el investigador del CABD Gómez-Skarmeta.

ADN olvidado

El ADN puede dividirse en codificante o no codificante. El primero, el que contiene los genes que dan lugar a las proteínas (conocidas como ‘los ladrillos de la vida’), constituye tan sólo una pequeña parte del genoma humano, en torno a un 5%. El resto, compuesto de secuencias repetidas o no codificantes, se desechó inicialmente por los investigadores y pronto fue conocido como ‘ADN basura’.

Sin embargo, en los últimos años la comunidad científica está comenzando a admitir que este ADN no codificante contiene muchas de las claves que permiten explicar por qué los genes se activan en determinados momentos del desarrollo o por qué lo hacen en unas células y no en otras. Ese parece ser el papel de las llamadas regiones reguladoras, “que si bien no contienen la información para una determinada función, sí que son capaces de determinar en qué tipo de célula debe realizarse”, en palabras de Gómez-Skarmeta. La función del resto de ADN no codificante es aún desconocida, pero estudios como éste apuntan a un papel relacionado con el proceso de transcripción de los genes. (Andalucía Investiga)

Más noticias:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noticias relacionadas:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...